En el post de hoy os traemos un relato ambientado en el universo de Warhammer 40.000. Aunque esta historia transcurre mucho antes del milenio 41 —en los turbulentos días de la Herejía de Horus—, hemos decidido incluirla en esta categoría por su estrecho vínculo con las miniaturas y el trasfondo que muchos conocéis del juego.
Relato
Lhorke, el eco de una lealtad perdida
Despertar debería haber sido un honor.
Cuando Lhorke, venerable dreadnought de los Devoradores de Mundos, abrió de nuevo sus sentidos a bordo del Conqueror, esperaba alzarse para cumplir con su deber: defender al Imperio, como tantas veces había hecho en el pasado. Pero lo que encontró no fue gloria, sino traición.
La galaxia que recordaba —forjada en hermandad, disciplina y lealtad durante la Gran Cruzada— ya no existía. En su lugar solo quedaban gritos, fuego y confusión. Los Ultramarines, antiguos aliados, avanzaban ahora por los pasillos de su propia nave como enemigos implacables. Y su primera reacción no fue preparar las armas, sino hacerse una pregunta más profunda y devastadora: ¿por qué estamos luchando?
A medida que la verdad se abría paso entre los fragmentos de información y órdenes contradictorias, Lhorke comprendió lo impensable. La legión que una vez había liderado, los War Hounds, ya no era reconocible. Convertidos en los Devoradores de Mundos, habían abandonado el honor por la sangre, la razón por la furia. La disciplina había sido reemplazada por rabia ciega. Y lo más doloroso de todo: ahora no solo combatían contra otras legiones, sino contra el propio Emperador.
Los cimientos de la Gran Cruzada se habían resquebrajado.
Aun así, rodeado de caos y atrapado en su sarcófago de guerra, Lhorke tomó una decisión. No lucharía por Angron. No lucharía por la traición. Lucharía por el deber. Por los últimos vestigios de orden que aún resistían en el Conqueror.
Lo que más le perturbaba no era la violencia —esa siempre había sido parte de su existencia— sino la certeza de que la lealtad, aquello que había dado sentido a su vida, se había erosionado sin remedio. En aquel frío caparazón metálico, no solo defendía una nave asediada: combatía contra la idea de que todo aquello en lo que había creído había sido una mentira.
Lhorke no despertó simplemente para la guerra.
Despertó para descubrir que el mundo que juró proteger ya había muerto.
¿Qué os ha parecido? ¿Conocíais este relato? ¡Os leemos en los comentarios!

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