Reseña: Balada de Pájaros cantores y serpientes
Editorial: Molino (RBA)
Idioma: Castellano
Número de páginas: 592 páginas
Fecha de lanzamiento: 3 de junio de 2020
Sinopsis: La ambición será su motor. La rivalidad, su motivación. Pero alcanzar el poder tiene un precio.
Es la mañana de la cosecha que dará comienzo a los décimos Juegos del Hambre. En el Capitolio, Coriolanus Snow, de dieciocho años, se prepara para una oportunidad única: alcanzar la gloria como mentor de los Juegos.
La casa de los Snow, antes tan influyente, atraviesa tiempos difíciles y su destino depende de que Coriolanus consiga superar a sus compañeros en ingenio, estrategia y encanto como mentor del tributo que le sea adjudicado. Todo está en su contra…
Goilli: Cuando empecé Balada de pájaros cantores y serpientes, lo hice con bastante recelo. Llegaba a la historia con una idea muy clara y casi inamovible: el presidente Snow era malo por naturaleza, sin matices ni justificación posible. Esa idea me acompañó durante las primeras páginas y, de hecho, fue uno de los motivos por los que me costó engancharme al principio. El ritmo inicial se me hizo algo lento y la historia no terminaba de atraparme del todo, quizá porque me resistía a aceptar una mirada distinta sobre un personaje que ya tenía completamente juzgado.
Sin embargo, a medida que avanzaba en la lectura, algo empezó a cambiar. La narración va construyendo poco a poco el contexto, las decisiones y las circunstancias que rodean al protagonista, y sin darme cuenta empecé a comprender —que no justificar— cómo pudo llegar a convertirse en el presidente que conocimos en Los juegos del hambre. Esa es, para mí, una de las grandes virtudes del libro: te obliga a replantearte certezas y a aceptar que los villanos no siempre nacen, sino que también se hacen. Llegó un punto en el que la historia me absorbió por completo y pasé de leer con desgana a no poder soltar el libro.
La relación entre los dos protagonistas es otro de los pilares fundamentales de la novela. Suzanne Collins profundiza en ellos mostrando sus ambiciones, miedos y contradicciones, construyendo un vínculo complejo, lleno de tensiones y dobles lecturas, que va mucho más allá de lo superficial. Sin entrar en spoilers, su dinámica resulta clave para entender la evolución de ambos personajes y para reflexionar sobre temas como el poder, la supervivencia y las decisiones que marcan un destino. Al terminar el libro, me quedó la sensación de haber leído una historia incómoda, pero necesaria, que enriquece el universo de Los juegos del hambre y cambia para siempre la forma en la que miras a su antagonista principal.
¿Vosotras os atreveis a leer la historia? ¿Ya la habeis leido? Contarnos en comentarios
¿Qué es el Dieselpunk?
En el post de hoy os venimos a hablar del dieselpunk. ¿No sabeís lo que es? ¡Pues lo descubrireís en este post!
El dieselpunk es un subgénero retrofuturista que imagina un mundo donde la estética y la tecnología de las décadas de 1920 a 1950 nunca desaparecieron. Es el eco rugiente de los motores diésel, los zepelines, las fábricas y los uniformes militares reinventados bajo una luz de ciencia ficción y crítica social.
El término combina “diesel”, por la energía industrial de la época, con “punk”, símbolo de rebeldía creativa. El resultado es una visión alternativa del siglo XX: un universo donde el progreso mecánico y la decadencia humana avanzan a la par.
⚙️ El alma del diésel
El corazón del dieselpunk late al ritmo de pistones, hélices y engranajes. Las ciudades se alzan como junglas metálicas bajo la niebla del humo, los héroes visten gabardinas y gafas de aviador, y el arte se expresa en tonos de cromo, cuero y propaganda bélica.
Influencias como el Art Déco, el constructivismo soviético y el expresionismo alemán marcan la identidad visual del género. Es una época donde la estética industrial se mezcla con la ambición de conquistar el cielo… o destruirlo.
🪖 Historias de guerra, revolución y sueños rotos
El dieselpunk no solo es estética: es una forma de contar historias sobre la humanidad en tiempos de conflicto y poder. Entre sus temas más comunes encontramos:
- Regímenes totalitarios y resistencia civil.
- Avances tecnológicos fuera de control.
- La mecanización de la guerra y la deshumanización.
- Ucronías: mundos donde la Segunda Guerra Mundial tuvo otro desenlace.
Es el futuro que nunca fue, contado desde las ruinas de una modernidad obsesionada con la máquina.
🎞️ Ejemplos que definen el género
El dieselpunk ha dejado su huella en el cine, los videojuegos y la literatura. Algunos ejemplos destacados son:
- Sky Captain and the World of Tomorrow (2004): aviadores, robots y metrópolis art déco.
- The Rocketeer (1991): héroes retro con mochilas propulsoras.
- Bioshock (2007): una distopía submarina inspirada en los sueños de los años 40.
- Wolfenstein: The New Order: una ucronía brutal donde los nazis ganaron la guerra.
- Captain America: The First Avenger (2011): estética pulp y máquinas imposibles en plena Segunda Guerra Mundial.
⚡ Más allá del vapor y la pólvora
Si el steampunk es el brillo romántico del siglo XIX, el dieselpunk es su heredero oscuro: más industrial, más bélico, más desencantado. Y aún así, dentro de su niebla metálica, guarda una belleza trágica: la de un mundo que soñó con el progreso, pero acabó devorado por su propio humo.
🚬 Epílogo
El dieselpunk no es solo un género: es una estética, una nostalgia alternativa y un espejo distorsionado del pasado. Nos invita a imaginar cómo habría sido el futuro si el rugido de los motores nunca se hubiera apagado.
¿Lo conocíais? ¿Que os ha parecido? ¡Os leemos en los comentarios!
Los pequeños latidos de Pixar
En el siguiente post, vamos a hablar de por qué nacieron los cortos de Pixar y cuáles son los que conquistaron nuestros corazones.
Antes de que existieran Toy Story, Up o Del revés, Pixar ya contaba historias… pero en miniatura. Los cortos animados fueron su laboratorio, su carta de presentación y su forma más pura de experimentar. En apenas unos minutos, esos pequeños universos nos enseñaron a reír, llorar y emocionarnos con lámparas, juguetes, nubes o bao rellenos de ternura.
¿Por qué Pixar empezó haciendo cortos?
La historia se remonta a los años 80, cuando Pixar no era todavía el gigante que conocemos, sino una pequeña división tecnológica dentro de Lucasfilm. John Lasseter, uno de sus fundadores, soñaba con demostrar que los ordenadores podían crear emociones. Pero antes de lanzarse a hacer un largometraje, necesitaban probar la técnica y convencer a la industria de que la animación 3D era posible.
Los cortos fueron su campo de pruebas: cada uno servía para ensayar un nuevo avance técnico o narrativo.
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Luxo Jr. (1986) exploró la iluminación y el movimiento natural, y nos regaló la icónica lámpara saltarina del logo.
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Tin Toy (1988) mostró por primera vez un personaje con sentimientos… y fue el germen de Toy Story.
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Geri’s Game (1997) perfeccionó las expresiones faciales humanas.
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For the Birds (2000) jugó con las plumas, el humor y el timing cómico.
Con cada corto, Pixar aprendía algo nuevo sobre cómo dar vida a lo inanimado. Pero también sobre cómo contar una historia sin depender de las palabras.
Más allá de la técnica, los cortos de Pixar son ejercicios de emoción concentrada. En pocos minutos logran lo que muchos largometrajes no consiguen en horas: hacernos sentir. Son pequeñas fábulas modernas sobre la empatía, la diferencia, el amor o la pérdida.
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La Luna (2011) es una metáfora sobre encontrar tu propio camino, con una luna que se barre como si fuera un suelo estrellado.
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Piper (2016) nos enseña a vencer el miedo con uno de los personajes más tiernos jamás animados.
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Bao (2018) habla del amor maternal y de lo difícil que es dejar ir.
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Kitbull (2019) celebra la amistad entre un gato y un pitbull que aprenden a confiar.
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Loop (2020) explora la comunicación entre una chica autista y un chico extrovertido, mostrando que la empatía también se aprende.
Cada historia es una lección de humanidad disfrazada de animación.
En Pixar, los cortos siguen siendo un taller creativo. Muchos directores debutan con uno antes de dirigir un largometraje. Les sirve para experimentar con estilos visuales, formatos o incluso temas más arriesgados. Así nacieron joyas como Out (2020), el primer corto de Pixar protagonizado por un personaje abiertamente gay, o Burrow (2020), animado con un trazo más artesanal.
Además, los cortos acompañan a las películas en el cine: son un aperitivo emocional antes del plato principal. A veces ligeros y cómicos, otras veces filosóficos o nostálgicos, siempre dejan una pequeña huella.
Entre los más populares se encuentran:
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Luxo Jr. – el símbolo de Pixar.
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Geri’s Game – el abuelo del ajedrez y su entrañable soledad.
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For the Birds – humor puro y karma instantáneo.
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La Luna – poesía visual.
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Piper – la ternura hecha pluma.
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Bao – la historia que hizo llorar a medio mundo.
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Kitbull – el corto más aplaudido de SparkShorts, la serie de experimentación artística del estudio.
En resumen:
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