Leon Clef: cerrar ciclos para empezar de nuevo con Viejos Escombros


En un momento de transformación creativa y personal, Leon Clef presenta Viejos Escombros, su primer LP: un proyecto que surge de la necesidad de cerrar una etapa para poder avanzar con claridad hacia nuevas búsquedas. Más que un álbum debut, es un ejercicio de honestidad donde canciones nacidas en otro momento encuentran finalmente su lugar. En esta entrevista, el artista reflexiona sobre ese proceso de cierre, su incursión en métodos creativos poco convencionales como la bibliomancia, y la manera en que ha ido construyendo una identidad sonora y emocional cada vez más propia.

1. Tu álbum Viejos Escombros reúne canciones que “tenían que ver la luz”. ¿Qué te hizo decidir que este era el momento adecuado para cerrar ese ciclo y lanzar tu primer LP?

Siento que estoy en un momento de cambio, con muchas ideas nuevas que quiero empezar a explorar. Me encuentro en un lugar muy distinto al de cuando escribí esas canciones, y justamente por eso entendí que necesitaba cerrar ese ciclo. Viejos Escombros nace de esa necesidad: de darle vida a experiencias y momentos que habían quedado guardados, como piezas sueltas de una etapa anterior. Para poder avanzar con claridad hacia lo que viene, primero tenía que hacer ese acto de honestidad conmigo mismo y sacarlos a la luz.

2. Bibliomancia nace de una idea previa de tu productor, algo poco común en tu proceso. ¿Cómo cambió eso tu forma de componer y apropiarte emocionalmente de la canción?

Al principio fue un reto, porque no estuve involucrado en la composición de la música, que es algo muy poco común en mi proceso. Me sentía un poco ajeno a la canción. Pero me gustó tanto desde el inicio que encontrar la melodía fue la puerta de entrada. En ese momento logré conectar realmente con ella y empecé a hacerla mía. Luego, el ejercicio de la bibliomancia terminó de sellar esa conexión. Me permitió apropiarme de la canción desde otro lugar, además, en compañía, lo cual la hizo aún más especial. Fue como entrar a un universo que no había creado yo, pero que terminé habitando completamente.

3. La letra de “Bibliomancia” está inspirada en un ejercicio basado en el Libro del desasosiego de Fernando Pessoa. ¿Qué encontraste en ese método que no hubieras logrado escribir desde cero?

Fue un ejercicio completamente nuevo para mí. Normalmente compongo desde mis propias vivencias y emociones, pero este método se aleja de eso y te pone a dialogar con palabras que ya existen, que ya fueron dichas por alguien más. Ahí el reto no es crear desde cero, sino apropiarte de esas ideas y resignificarlas dentro de tu propio universo. Y en ese proceso empiezan a aparecer conexiones inesperadas con tu vida, como si esas palabras también te pertenecieran de alguna forma. Siento que eso me permitió llegar a lugares a los que tal vez no hubiera llegado escribiendo solo desde mí.

4. Mencionas que la canción se creó en una sola noche. ¿Qué crees que hace que ciertos momentos creativos sean tan irrepetibles y poderosos?

No sé si se pueda explicar del todo, pero hay momentos que tienen algo de magia. Es como si todo se alineara por un instante, y lo importante es saber reconocerlo y aprovecharlo en ese mismo momento. Muchas veces esa energía no vuelve, o vuelve distinta, y las ideas se pierden. Por eso, cuando algo está fluyendo, hay que seguirlo hasta donde dé, sin pensarlo demasiado. Siento que esas noches son irrepetibles justamente por eso: porque no se pueden forzar, solo suceden.

5. Sonoramente, la canción tiene una atmósfera muy teatral. ¿Qué referentes musicales o emocionales te guiaron para construir ese universo tan cinematográfico?

Esa parte tiene mucho que ver con mi productor y su equipo, que fueron quienes construyeron el universo sonoro de la canción. Desde el inicio ya había una atmósfera muy marcada, casi teatral, que fue lo que me atrapó. En mi caso, lo que hice fue entrar en ese mundo desde la melodía y la interpretación, tratando de estar a la altura de esa emoción y potenciarla desde la voz y la letra. Entonces, aunque no compuse la base musical, sí hubo un proceso de conexión muy fuerte con ese universo, y creo que ahí es donde termina volviéndose algo propio.

6. El videoclip toma inspiración de Slow Hands de Interpol y Hey Ya! de André 3000. ¿Cómo tradujiste esas referencias a algo propio dentro de tu identidad artística?

Tenía muy claro que quería jugar con las velocidades de grabación, y siendo Interpol una de mis bandas favoritas, Slow Hands fue una referencia inmediata. Por otro lado, también sabía que, por temas logísticos y de presupuesto, tenía que resolver el video desde la edición y la construcción de personajes. Ahí fue cuando recordé Hey Ya!, donde todos los integrantes de la banda son interpretados por la misma persona. A partir de esas dos ideas empecé a construir algo propio: tomar esos recursos y adaptarlos a mi universo, no como una copia, sino como una forma de reinterpretarlos desde mi identidad artística.

7. En el video interpretas todos los roles de la banda. ¿Qué descubriste sobre ti mismo al multiplicarte en escena de esa forma?

Descubrí que bajo presión puedo aprender muy rápido. La guitarra y el bajo son instrumentos con los que ya me siento cómodo, pero la batería era un terreno totalmente distinto para mí. Tuve básicamente un día para aprender lo necesario y lograr que funcionara en cámara, y eso me obligó a confiar más en mi intuición que en la técnica. Al final, más que tocar perfecto, se trataba de transmitir la energía correcta. Y creo que ese proceso también fue una forma de perderle el miedo a salirme de lo que ya domino.

8. Los personajes con máscaras representan el miedo, el ego y el deseo. ¿Cómo dialogan esas fuerzas con tu vida personal y tu proceso creativo?

Son fuerzas que están presentes en mí constantemente, tanto en lo personal como en lo artístico. Aprendí a verlas no como algo que hay que eliminar, sino como un equilibrio que se va regulando todo el tiempo. El deseo es lo que impulsa cuando el miedo empieza a tomar fuerza, pero al mismo tiempo el miedo también cumple una función: aterriza al ego cuando se desborda. Siento que mi proceso creativo vive en ese diálogo constante entre esas tres energías, tratando de encontrar un punto medio donde ninguna domine por completo, pero todas aporten algo.

9. Has tenido un 2025 muy activo entre lanzamientos y conciertos acústicos. ¿Cómo ha evolucionado tu relación con el público en espacios más íntimos como los de Medellín?

Cada vez me siento más cómodo tocando en vivo, especialmente en formatos acústicos. Son espacios que exigen mucho más cuidado y técnica, tanto al cantar como al tocar, porque hay menos margen para “ocultar” errores. Pero justamente por eso también se vuelven más honestos. La conexión con el público es más directa, más cercana, y eso me ha ayudado a crecer mucho como intérprete. Siento que todo ese aprendizaje termina elevando también el show con la banda completa, porque llego con más control, más sensibilidad y más claridad sobre lo que quiero transmitir.

10. De cara al lanzamiento completo del álbum y posibles escenarios como Festival Altavoz, ¿qué tipo de experiencia quieres que viva la gente cuando escuche y vea Viejos Escombros en vivo?

Más que nada, quiero que la gente disfrute la música y conecte con ella a su manera. No me interesa imponer un significado único sobre las canciones, sino todo lo contrario: me gusta cuando cada persona les da su propia interpretación. Siento que ahí es donde la música realmente cobra vida, cuando deja de ser solo mía y empieza a pertenecerle a quien la escucha. Si Viejos Escombros logra eso en vivo, que alguien se vea reflejado, que haga suya una frase o un momento, entonces ya cumplió su propósito.

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