El traslado de la locomotora Guipuzcoa: una gran noticia... con muchas dudas

Hace unas semanas se produjo un acontecimiento muy esperado por los aficionados al patrimonio ferroviario vasco: la histórica locomotora Guipuzcoa, junto a varios coches procedentes del desaparecido Ferrocarril Vasco-Navarro, abandonó el túnel de Ametzola, donde permanecía resguardada desde hacía años, para ser trasladada a la estación de Luchana-Barakaldo.

Este movimiento supone el primer paso visible hacia el futuro Museo del Ferrocarril de Bizkaia, un proyecto del que ya hablamos anteriormente en La Biblioteca DZ y que pretende recuperar parte de la historia ferroviaria del territorio.

Sin embargo, tras ver las imágenes del traslado, no puedo evitar tener sentimientos encontrados.

Hay un detalle que llamó especialmente mi atención durante los vídeos del traslado: uno de los coches ya presentaba grafitis, y eso que llevaba años protegido dentro del túnel de Ametzola. Si esa situación ya se ha producido estando relativamente resguardado, resulta inevitable preguntarse qué ocurrirá ahora que todo el material permanece a la intemperie mientras el museo todavía no está construido.

Es cierto que está previsto instalar algún tipo de cubierta para proteger las piezas, pero mientras tanto hablamos de vehículos históricos de enorme valor patrimonial que quedan expuestos tanto a las inclemencias del tiempo como, desgraciadamente, al vandalismo. Y eso es algo que me preocupa bastante.

Personalmente, creo que el traslado llega demasiado pronto. En mi opinión, lo más lógico habría sido mantener el material protegido hasta que las instalaciones del museo estuvieran mucho más avanzadas: edificio acondicionado, espacios expositivos preparados, medidas de seguridad instaladas y la ubicación definitiva completamente lista. Entonces sí, trasladar la locomotora y los coches justo antes de la inauguración tendría todo el sentido del mundo.

De esta forma se evitarían riesgos innecesarios para unas piezas históricas que, una vez dañadas, nunca vuelven a ser exactamente las mismas. Me da la sensación de que se ha querido dar un paso importante antes de tiempo, cuando todavía queda mucho trabajo por hacer.

Otra de las cuestiones que me generan dudas es el propio concepto del futuro museo. Si finalmente se limita a ser una exposición de material estático, creo que se quedará corto. No porque el patrimonio no sea interesante, sino porque hoy existen ejemplos que demuestran que un museo ferroviario puede ofrecer mucho más.

El Museo Vasco del Ferrocarril de Azpeitia es un magnífico ejemplo de ello. Allí no solo se conservan locomotoras y vagones históricos, sino que muchos de ellos siguen funcionando. Es posible viajar en trenes históricos, ver locomotoras de vapor en marcha y disfrutar de una experiencia mucho más completa. Esa combinación entre exposición estática y material rodante en funcionamiento convierte una visita en algo realmente especial.

Ojalá el futuro museo de Luchana-Barakaldo pueda aspirar también a algo parecido. Sería una magnífica oportunidad para acercar la historia del ferrocarril a nuevas generaciones y convertir el museo en un lugar vivo, y no simplemente en una colección de trenes detenidos sobre unas vías.

La elección de Luchana-Barakaldo también me deja dividido. Por un lado, me parece una excelente noticia que la Margen Izquierda gane un nuevo atractivo turístico. La zona cuenta con un enorme pasado industrial y ferroviario, por lo que el emplazamiento tiene mucho sentido desde el punto de vista histórico. Además, la estación dispone de una amplia playa de vías que permitiría exponer una gran cantidad de material ferroviario al aire libre, algo que puede resultar muy atractivo para los visitantes.

Sin embargo, también creo que existen algunos inconvenientes. Desde el punto de vista del transporte público, quizá otras ubicaciones habrían ofrecido mejores conexiones. Siempre he pensado que una estación como Luchana de Erandio podría haber sido una alternativa muy interesante, aprovechando la infraestructura ferroviaria existente y la conexión directa con Euskotren. Incluso habría permitido imaginar trenes históricos circulando por una línea que sigue en funcionamiento.

También es cierto que Luchana-Barakaldo tiene un importante punto a favor: ayuda a revitalizar una zona con una enorme tradición ferroviaria e industrial, aportando un nuevo elemento turístico que puede beneficiar a toda la comarca. En ese sentido, la ubicación tiene mucho sentido y entiendo perfectamente los argumentos de quienes la defienden.

Si pudiera imaginar el museo ideal, me gustaría ver mucho más que una colección de locomotoras. Imagino salas interiores con objetos históricos, uniformes, fotografías, señales ferroviarias, documentos originales, maquetas y espacios interactivos. Fuera, diferentes composiciones ferroviarias expuestas sobre las vías y, si algún día fuera técnicamente posible, recorridos con trenes históricos tanto de ancho métrico como de ancho ibérico. Sería un auténtico referente para los aficionados al ferrocarril.

Hay además un recuerdo que siempre me viene a la cabeza. Hace años podía verse en Barakaldo una locomotora de Altos Hornos de Vizcaya expuesta al aire libre. Cuando la vi, su estado era realmente preocupante: el paso del tiempo, la humedad y el abandono habían hecho mella en ella. Por suerte fue retirada para su restauración, pero aquella imagen demuestra perfectamente lo importante que es proteger este tipo de patrimonio antes de que sea demasiado tarde.

Precisamente por experiencias como esa considero que habría sido preferible esperar a que el museo estuviera mucho más avanzado antes de trasladar la locomotora Guipuzcoa y los coches del Vasco-Navarro. Son piezas únicas, irreemplazables y forman parte de la historia ferroviaria de Euskadi.

A pesar de todas estas dudas, quiero dejar claro que me alegra enormemente que Bizkaia vaya a contar con un museo dedicado a su historia ferroviaria. Creo sinceramente que el proyecto tiene muchísimo potencial y que puede convertirse en un referente si se desarrolla con ambición y cuidando hasta el último detalle.

Solo espero que el traslado del material histórico no se haya adelantado demasiado y que las locomotoras y los coches permanezcan perfectamente protegidos hasta que el museo sea una realidad. Porque conservar nuestro patrimonio ferroviario no consiste únicamente en moverlo de un lugar a otro, sino en garantizar que las próximas generaciones puedan disfrutarlo en las mejores condiciones posibles.


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