Reseñas: Shameless (Temporada 2)

En el post de hoy, nuestra colaboradora Goiatz nos trae la reseña de la segunda temporada de Shameless. ¡Comencemos!
 
Goilli: Desde el punto de vista de una trabajadora social, la segunda temporada de Shameless (EE.UU.) continúa mostrando la complejidad y fragilidad del sistema familiar Gallagher, en un entorno donde la negligencia, la pobreza y la falta de recursos siguen siendo los principales factores de riesgo. La trama transcurre durante un caluroso verano, lo que intensifica las tensiones dentro y fuera del hogar. Aunque los miembros de la familia muestran creatividad y fuertes vínculos afectivos, también se exponen a nuevas situaciones que agravan su vulnerabilidad social y emocional. Fiona intenta lograr mayor independencia trabajando y construyendo relaciones personales, pero su rol de cuidadora continúa absorbiéndola. Esta situación refleja una realidad común en familias con roles parentales invertidos, donde los adolescentes asumen responsabilidades que sobrepasan su etapa vital. Su necesidad de afecto y estabilidad la lleva a involucrarse con personas que no siempre resultan positivas, lo que aumenta su desgaste emocional.
 
Frank, por su parte, no solo mantiene su conducta negligente, sino que introduce nuevas problemáticas: explota la situación de su madre Mónica, manipula a terceros y sigue siendo una figura desestabilizadora en el hogar. La reaparición de Mónica, con un episodio grave de trastorno bipolar, expone a los hijos a nuevas experiencias traumáticas, especialmente a Debbie, que empieza a mostrar síntomas de ansiedad y necesidad de contención emocional.
 
El entorno sigue siendo altamente inseguro: la casa Gallagher carece de límites estructurados y sigue siendo un espacio donde los menores están expuestos a drogas, violencia y abandono. A pesar de los múltiples factores de riesgo, no hay intervención por parte de los servicios sociales ni de las redes de apoyo comunitarias, lo que evidencia una crítica implícita al sistema de protección infantil y sus vacíos ante situaciones de alta vulnerabilidad.
 
Aún así, los Gallagher demuestran una notable capacidad de resiliencia. Fiona intenta mejorar su situación laboral, Lip e Ian buscan caminos propios, aunque con conductas de riesgo, y los hermanos más pequeños muestran una sorprendente adaptabilidad al contexto. Sin embargo, esta resiliencia, aunque admirable, no puede sostenerse indefinidamente sin un apoyo adecuado.

Desde una valoración profesional, la segunda temporada refuerza la necesidad urgente de una evaluación integral del núcleo familiar. Sería prioritario ofrecer acompañamiento psicológico a los niños y adolescentes, apoyar formalmente a Fiona como cuidadora, activar recursos comunitarios que alivien la carga familiar y establecer un seguimiento estricto de los brotes psiquiátricos de Mónica y el abuso crónico de Frank. En conjunto, la temporada vuelve a mostrar una familia con alto nivel de disfunción, donde los factores de riesgo se intensifican y la falta de intervención profesional resulta cada vez más preocupante.
 
¿La habéis visto? ¿Qué os ha parecido? ¡Os leemos en los comentarios!

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