La histórica estación de Lutxana (Baracaldo) se transforma en sede del Museo Vasco del Ferrocarril


En el post de hoy os venimos a hablar del nuevo museo del ferrocarril que se ubicará en la estación de Lutxana (Baracaldo). ¡Comencemos!

La antigua estación ferroviaria de Lutxana, situada en Baracaldo (Bizkaia), ha iniciado su transformación para convertirse en centro de interpretación del patrimonio ferroviario y subsede del Museo Vasco del Ferrocarril. Este nuevo proyecto, promovido por el Gobierno Vasco a través de Euskal Trenbide Sarea (ETS), busca recuperar y poner en valor una de las estaciones más emblemáticas de la historia ferroviaria vasca.

La estación de Lutxana, inaugurada en 1894, formó parte de una de las mayores confluencias ferroviarias del norte de España a finales del siglo XIX y principios del XX, siendo punto de partida de hasta cinco líneas ferroviarias —incluido el histórico Ferrocarril de La Robla que conectaba con León— y pieza clave en el transporte de mineral y mercancías a través de la ría del Nervión.

La intervención se ha estructurado en dos fases. En la primera, ya concluida, se han reformado los andenes y el entorno para mejorar la accesibilidad y adaptarlos como recorrido expositivo al aire libre. En las vías actualmente en desuso se colocarán diversos elementos históricos, incluyendo la locomotora “Guipúzcoa”, un coche salón, coches de primera y tercera clase y un furgón, todos ellos donados por la Asociación de Amigos del Ferrocarril de Bilbao.

La segunda fase consistirá en adecuar la planta superior del edificio histórico para crear un espacio cerrado de exposición donde se ampliará la narrativa del ferrocarril en la zona.

El proyecto, con un presupuesto aproximado de 568.000 euros, busca mantener la operatividad de la estación como punto de Cercanías mientras convive con el uso museístico en la zona expositiva.

La nueva sede de Baracaldo se integrará como subsede del Museo Vasco del Ferrocarril de Azpeitia, uno de los museos ferroviarios más importantes de Europa, con una colección extensa de locomotoras, vagones, tranvías y material histórico que narra más de un siglo y medio de historia ferroviaria en el País Vasco.

Imagen de la locomotora Guipozcoa tirando de una composición de vagones.

Opinión:

Jon: Voy a dar mi opinión sobre la creación del Museo del Ferrocarril de Vizcaya. Y me voy a mojar, porque creo que es lo que toca.

Primero de todo, soy aficionado al mundo del ferrocarril desde pequeño. Y considero que Vizcaya necesitaba tener su propia sede del Museo del Ferrocarril. ¿Por qué? Porque toda la zona del Abra, el Gran Bilbao y todos los pueblos anexos vivieron un boom brutal durante la Revolución Industrial gracias al hierro. Un hierro que, además, estaba prácticamente a ras de suelo y era relativamente fácil de extraer. Eso provocó la creación de un montón de minas en toda la zona y, claro, si extraes hierro, tienes que transportarlo. ¿Cómo? Por ferrocarril.

Eso generó una red ferroviaria enorme. No solo para el mineral, sino para las empresas, para el acero, para la industria. El ferrocarril fue una pieza clave en el desarrollo de Bilbao y de todos los pueblos de alrededor. Por eso, bajo mi criterio, Vizcaya necesitaba su museo del ferrocarril.

Cuando leo la noticia de que la estación de Lutxana, en Barakaldo, se va a convertir en sede del museo, pienso: bien, por fin. Además, el enclave me parece idóneo. Tienes a un lado las vías de ancho ibérico (Cercanías, mercancías, acero, contenedores…) y al otro lado el ancho métrico, lo que era FEVE. Es un punto ferroviario con muchísimo sentido histórico y técnico.
Hasta ahí, todo perfecto.

El problema viene cuando veo lo que se plantea hacer. Según lo que se ha explicado en la rueda de prensa, dentro del edificio habrá paneles, fotografías, piezas, memorabilia ferroviaria. Bien. Como centro de interpretación, correcto. Pero fuera, en las vías de FEVE, se va a exponer la locomotora de vapor Guipúzcoa y varios coches… y ya.

Y ahí es cuando mi cara cambia.

Porque exponer una locomotora a la intemperie, quieta, con cuatro vagones, me sabe a poco. Me sabe a “quiero y no puedo”. Y me estoy mojando totalmente, pero es lo que pienso. ¿La gente va a ir solo a ver una locomotora parada? Yo sí, porque soy un friki del ferrocarril, pero el público general… lo dudo.

Y además me preocupa otra cosa: vandalismo, grafitis, abandono. Ojalá me equivoque, pero es lo primero que se me viene a la cabeza cuando escucho “expuesta al aire libre”.

Lo que más me frustra es que ese espacio tiene muchísimo más potencial.

Tienes ancho ibérico y ancho métrico. Podrías reorganizar las vías del lado ibérico, negociar con la empresa colindante, generar una pequeña variante y liberar espacio para exponer material histórico. Podrías hacer circulaciones. Sí, circulaciones. Trenes históricos en movimiento.

En la parte de vía estrecha hay tramos que ya no se utilizan y que podrían recuperarse. Podrías hacer un tren turístico que salga desde Lutxana, recorra un tramo industrial y vuelva. Dos circulaciones al día. Eso sí generaría interés real. Eso sí daría vida al museo.

Imagina restaurar el automotor Billard con su remolque y ponerlo a circular. Imagina la Guipúzcoa en movimiento. Eso cambia totalmente la experiencia.

Foto del automotor Billard y su remolque

Y luego está el material que tiene la Asociación de Amigos del Ferrocarril de Bilbao. Tienen auténticas joyas. La Guipúzcoa, la Izarra —de la que solo hay dos en el mundo, una en Inglaterra y otra aquí—, otras locomotoras expuestas casi de manera testimonial en distintos puntos. Yo las concentraría todas allí. Todas. Crear un verdadero parque ferroviario histórico.

Foto de la locomotora Izarra

Incluso dentro del edificio: paneles sí, claro. Pero también una maqueta ferroviaria, espacios interactivos, algo que atraiga a familias, a colegios, a curiosos.

Porque si se queda en paneles por dentro y una locomotora parada por fuera, para mí es un quiero y no puedo. Es el típico “¿querías museo? Pues toma museo”. Y ya está.

Y ojo, entiendo perfectamente que existe el Museo de Azpeitia, que es una maravilla y un auténtico deleite para cualquier amante del ferrocarril. No se trata de competir con él, sino de complementar. Pero teniendo infraestructura ferroviaria real, vías disponibles y potencial de circulación, se podría hacer algo con mucha más fuerza.

Incluso otras ubicaciones podrían haber sido interesantes, como zonas vinculadas a Altos Hornos de Vizcaya, donde la relación entre industria y ferrocarril es directa. Pero ya que el sitio elegido es Lutxana, aprovéchalo al máximo.

Dicho todo esto, también digo otra cosa: estoy expectante. Lo cojo con pinzas porque solo sabemos lo que se ha contado en rueda de prensa. Quizá haya planes a largo plazo. Quizá haya fases futuras. Ojalá.
Y cuando lo inauguren, voy a ser el primero en ir. El primero. Si abre un viernes, ese viernes estoy allí. Porque me apasiona el ferrocarril y porque quiero ver qué se ha hecho realmente.

Si se queda a medio gas, lo diré. Si me sorprenden para bien, seré el primero en reconocerlo.

Pero lo que sí tengo claro es que todo este material es historia de Vizcaya. Historia del Gran Bilbao. Historia de la Revolución Industrial, de la ingeniería, de la maquinaria, del desarrollo económico. Y eso hay que preservarlo. No puede acabar bajo el soplete en un desguace cualquiera.

Así que veremos qué pasa.

Os leo en comentarios.

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