En el siguiente post, vamos a hablar de por qué nacieron los cortos de Pixar y cuáles son los que conquistaron nuestros corazones.
Antes de que existieran Toy Story, Up o Del revés, Pixar ya contaba historias… pero en miniatura. Los cortos animados fueron su laboratorio, su carta de presentación y su forma más pura de experimentar. En apenas unos minutos, esos pequeños universos nos enseñaron a reír, llorar y emocionarnos con lámparas, juguetes, nubes o bao rellenos de ternura.
¿Por qué Pixar empezó haciendo cortos?
La historia se remonta a los años 80, cuando Pixar no era todavía el gigante que conocemos, sino una pequeña división tecnológica dentro de Lucasfilm. John Lasseter, uno de sus fundadores, soñaba con demostrar que los ordenadores podían crear emociones. Pero antes de lanzarse a hacer un largometraje, necesitaban probar la técnica y convencer a la industria de que la animación 3D era posible.
Los cortos fueron su campo de pruebas: cada uno servía para ensayar un nuevo avance técnico o narrativo.
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Luxo Jr. (1986) exploró la iluminación y el movimiento natural, y nos regaló la icónica lámpara saltarina del logo.
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Tin Toy (1988) mostró por primera vez un personaje con sentimientos… y fue el germen de Toy Story.
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Geri’s Game (1997) perfeccionó las expresiones faciales humanas.
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For the Birds (2000) jugó con las plumas, el humor y el timing cómico.
Con cada corto, Pixar aprendía algo nuevo sobre cómo dar vida a lo inanimado. Pero también sobre cómo contar una historia sin depender de las palabras.
Más allá de la técnica, los cortos de Pixar son ejercicios de emoción concentrada. En pocos minutos logran lo que muchos largometrajes no consiguen en horas: hacernos sentir. Son pequeñas fábulas modernas sobre la empatía, la diferencia, el amor o la pérdida.
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La Luna (2011) es una metáfora sobre encontrar tu propio camino, con una luna que se barre como si fuera un suelo estrellado.
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Piper (2016) nos enseña a vencer el miedo con uno de los personajes más tiernos jamás animados.
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Bao (2018) habla del amor maternal y de lo difícil que es dejar ir.
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Kitbull (2019) celebra la amistad entre un gato y un pitbull que aprenden a confiar.
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Loop (2020) explora la comunicación entre una chica autista y un chico extrovertido, mostrando que la empatía también se aprende.
Cada historia es una lección de humanidad disfrazada de animación.
En Pixar, los cortos siguen siendo un taller creativo. Muchos directores debutan con uno antes de dirigir un largometraje. Les sirve para experimentar con estilos visuales, formatos o incluso temas más arriesgados. Así nacieron joyas como Out (2020), el primer corto de Pixar protagonizado por un personaje abiertamente gay, o Burrow (2020), animado con un trazo más artesanal.
Además, los cortos acompañan a las películas en el cine: son un aperitivo emocional antes del plato principal. A veces ligeros y cómicos, otras veces filosóficos o nostálgicos, siempre dejan una pequeña huella.
Entre los más populares se encuentran:
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Luxo Jr. – el símbolo de Pixar.
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Geri’s Game – el abuelo del ajedrez y su entrañable soledad.
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For the Birds – humor puro y karma instantáneo.
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La Luna – poesía visual.
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Piper – la ternura hecha pluma.
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Bao – la historia que hizo llorar a medio mundo.
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Kitbull – el corto más aplaudido de SparkShorts, la serie de experimentación artística del estudio.

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